
Ok, ya está … ya pasó … Francia es el campeón del Mundial Rusia 2018, tomémoslo con calma, yo sé que de repente por la buena onda de los croatas con Yuri Cortez, compatriota destacado en AFP, todos nos volvimos croatas … pero bue … el marcador final fue contundente.
Ya sé lo que me van a decir a raíz de la pregunta del título …”no tratés de engancharnos chele, un autogol vale un gol, nada más, nada menos …”
Pues .. fíjense que no, no necesariamente es así.
De la Historia se originan las leyendas y las leyendas dan origen a la Historia, y en otros casos, Historia y leyenda se conjugan en un suceso en común, una guerra y un esférico en disputa: una número 5 de gajos de cuero.

De los casos ingratos, de las muestras de ingratitud latente que la chimbomba tiene … la combinación sedes lejanas y viajes en barco plus el sistema de disputa hasta 1950, presentan varias muestras.

Antes, aquellos de los “congresillos técnicos” de FIFA, previo a cada partido, con jefes de delegación, árbitros y elección de indumentaria de cada equipo … no existían. Existía eso si … una notificación de FIFA acerca de que color debía usar cada selección en cada partido del Mundial.
En este paisito nuestro, de tan magras futbolísticas alegrías, la llegada la Copa del Mundo la de a de veras, no las “chabeleadas” que se inventa FIFA para llenar las arcas, nos llena de una dicha increíble y un hormigueo de envidia (positiva ?), a todos aquellos que caemos en el rango de sospecha de tener una chimbomba número 5 en el lugar que debería ocupar el corazón.

Llega un momento que hay que ponerle un “tate quieto” un “shoooo!” sonoro a todas las especulaciones, los chambres, el “me dijeron que …” …. Pamperos .. Firpo no está a la venta!!

Se que a estas alturas la resaca, debe ser terrible y la consternación del acto cometido en tu aquelarre de estiercol, soberbia y alcohol, te hagan retorcerte en el arrepentimiento de tus actos …

A diferencia de la mayoría de las personas que entienden idiomas pero no los hablan, a mí me sucede al revés con el portugués, que lo hablo pero no lo entiendo.

Una hermosa mañana de abril, por una callecita de la ciudad, Lucas se cruzó de frente con la mujer perfecta. Tendría unos treinta años, igual que él. No era particularmente hermosa, ni tenía nada especial, pero a quince metros de distancia supo con certeza que esa mujer era perfecta para él.