
Nuestra Historia Salvadoreña, compleja e intrincada, registra un solo magnicidio (asesinato de Presidente de la República en funciones) y por supuesto … ninguna solución al hecho.

Gobiernos van y vienen, y no pasa nada con nada, cerrado el país temporalmente … por falta de materia gis y capacidad intelectual, de ahí que a propósito de rinocerontes terminemos contando la historia de Cacareco.
Se me ocurre que es la más besada de todas las mujeres (es lata no ? lata es femenino), cual será mayor ..? la cantidad de labios masculinos que a diario se posan sobre una lata de cerveza o los que se posan sobre los labios de sus esposas/novias ?

Que poca suerte la de Cristóbal, no pegó en ningún oficio, así que siendo un navegante discreto, del medio de la tabla nomás y teniendo habilidad para parar un huevo, le vendió a la Reina Isabel la idea de que podía descubrir la ruta a las Indias, cerrada por los Otomanos …

Roma fue y será eterna, tras la Caída de Constantinopla que aquí describimos, surgía un tal Miguel Romanov, en Rusia, que asume el poder bajo el título de Zar, como contracción de “C´zar” o sea un César, amantes del esplendor de Roma, ese título se mantendría hasta 1918 … y ojo que el “Sha” de Persia, sigue el camino en el Siglo XIX y XX ….

Nuestro pasado, a veces está tan cerca, tan al alcance de la mano, que parece mentira que nos rompamos el cráneo tratando de inventar la máquina del tiempo para retroceder en la Historia.
Antes de empezar la historia en si, quiero dejar claro que soy Católico Apostólico Romano, practicante, no del diente al labio, y que no comparto esta celebración …. Pero vamos! Hay que saber bien, conocer a que nos enfrentamos, para poder rechazarlo …

Habíamos empezado a hablar hacía algún tiempo, de forma casual. Creo que éramos de esas personas que sin conocernos, practicábamos el oficio de caernos mal ….

Nerón, abandonado por sus seguidores más cercanos, y repudiado por las hordas de fanáticos, que hasta los deificaban (lo convertían en Dios), murió atravesándose el mismo un puñal en la garganta (ayudado por sus últimos seguidores, ya que la multitud que venía a matarlo ya rompía los portones) y mientras moría …
