Tengo un gato que asumo como amigo, medio loco,
maullando en mi tejado. Jilgueros y gorriones que me anuncian
el amanecer en fa y si bemol respectivamente, aunque el
gorrión desafina cuando amanece de mal humor…
El año 2018 y el 2019 fueron años convulsionados y de grandes cambios para nuestra sociedad. Si bien nos encontramos en un proceso de desaprender para luego aprender al menos lo importante es dar los primeros pasos como sociedad …

Suele ocurrir en el momento más inoportuno, digamos … un grupo de amigos, amigas (que las mujeres son filosas para este aspecto), te pega el grito al verte entrar, de lado a lado de un antro y justo cuando la música hace silencio.
Los aplausos sirven, por lo general, para destacar o festejar alguna destreza, éxito, chiste, cumpleaños o cualquier tonterìa que alegre a la gente. A veces también se aplaude por mero protocolo, sin mucho componente emocional.

La culpa la tuvo mi madre, Ai – Nozomi, venerable anciana a quien se le metió en su obstinada cabeza de campesina japonesa, viuda, con seis hijos varones (mis hermanos), que en lugar de sembrar arroz en los pantanos, había que fabricar micro chips en la mesa del comedor.
“Tal vez los seres humanos, somos las crías de cocodrilo que el Todopoderoso tiró por el inodoro” (Chuck Palahniuk).