
Al fin y al cabo … los cuentos de hadas son más o menos así, no?
Tenía 21 años de edad, cuando con mi grupo de amigos nos fuimos a pasar unas vacaciones a la playa. Íbamos con el Gordo Chute, Gonzalo y el Fer, en el carro de este último.
Resulta que a la temprana edad de diez años me di cuenta que lo físico no era lo mío… era gordito, usaba lentes, brackets móviles, era pésimo jugando al fútbol y mi papá me peinaba con fleco hacia el costado con vaselina, usaba zapatos ortopédicos y carita de regalón… el combo perfecto del fracaso.
Braulio, músico solitario de bar en bar, veterano, pelo desmadejado, todas las canciones caben en sus acordes y todos los acordes caben en sus dedos …
(Basado en una antigua leyenda de Teotihuacán, sobre el pleito entre el ayotochli y el huexolotl).

De niño nunca fui el más listo de la clase, más bien anduve por el promedio, pero del lado de abajo, me costaba entender cosas … me costaba usar el sentido común.

Su nombre es Victoria, y logra enloquecer al muchachito de esta historia, por cosas diversas …

Del diario donde trabajo, tal vez porque saben cuánto detesto estas cosas del mundo esotérico y afines, me mandaron a cubrir las presentaciones del famoso Sensei Q – Lozano.

Mientras Batman celebra su 83 aniversario en los cómics y el entretenimiento, dándole órdenes a Robin y Alfred sobre lo que deben hacer (para eso les paga) deberías imaginar que está orgulloso de todo lo que ha logrado (si Batman fuera uno que se permitiera sentir algo tan autocomplaciente como el orgullo).
