
Ahora después de vencer el tiempo, ahora que los deseos renacen en mi piel te beso y te siento...
Te beso y me pierdo en tu beso, ese irrepetible, inconfundible que no precisa de antesalas para borrar los silencios.

“El hombre verdadero ama dos cosas: el peligro y el juego, por eso ama a la mujer, que es el más peligroso de todos los juegos”. Federico Nietzsche. “Thus spoke Zarathustra.”

No te molestes diciendo “lo siento …”
simplemente, pasa adelante
y vuelve a convertir
mi salud mental en un desastre.

La noche brillaba con todo su esplendor, abajo, las luces de la ciudad iluminan caminos desiertos que pareciera por un momento que dan al mismo sitio, un par de sombras invaden las aceras. Arriba, las estrellas titiritan quizás de frío. Los Domingos tienen la magia de terminar demasiado pronto. Esta conversación se lleva acabo detrás de las paredes de una casa en particular.
Tuve a Dios, y tuve fortaleza para desafiar al diablo, tuve un hogar y éste era remanso de descanso de mi ser exhausto reposando sobre tus rodillas, tuve canciones y tuve poesía, tuve verdades y tuve mentiras, tuve sueños y tuve desvelos, tuve problemas y siempre tuve soluciones, tuve la sabiduría que emanaba de tus palabras, la calma que emanaba de tus manos, y la guía que emanaba de tu ejemplo… es tan solo parte de todo lo que tuve mientras te tuve…

Olvidarte mujer, es más difícil que meter un dragón en un frasquito…
Olvidarte es más difícil que cantarle una canción de cuna a un elefante bebé … a puros gritos…

Hubo una época, me precio de haberla conocido, cuando el fútbol era más garra y entrega en cancha, y los resultados eran apantallantes, en pocas palabras … los Dioses paganos del fútbol eran los jugadores, los que daban la vida y hacían cabriolas en la cancha ….

El problema es la brevedad de nuestra memoria y lo extenso de nuestra ignorancia, nos concentramos a hablar, prensa, medios, seres humanos, del bendito muro de Trump que ni siquiera se ve forma de que pueda comenzar a construirse …

En días de carencias, muchas inusuales,
que son más duras que ausencias de besos,
entra la nostalgia de complicidad ...