
La señorita se llamaba Amanda, tenía el pelo largo y recogido en una cola de caballo. Llevaba una mochila pequeña en la espalda. Pasó llorando por el andén izquierdo de la estación del metro, y de las diecisiete personas que cruzó en el camino, doce la escucharon llorar claramente, porque no era un llanto contenido; era un desahogo ... desgarrador.


—Estamos aquí reunidos para celebrar la… nuestro…
—“Cuarto” (susurró el vicepresidente).
—Sí, nuestro cuarto, eso, eh, nuestro cuarto… eh…
En la sala se sintió un silencio incómodo.
Lo único que espero de la tecnología y el desmesurado progreso es que se invente de una vez por todas la grabadora de sueños (SDR se va a llamar, que significa Sleep Dreams Recorder).


Se habrá fijado que quien menos hace es a quien más le falta tiempo … pensarán que somos pendejos?
Contrario a lo que podrían suponer nuestros lectores, bue … más bien lectoras, Cristian Mamey era un exitoso y joven empresario …

Surgieron en aquellos plásticos años de los 80´s, cuando Madonna se envolvía en látex y Prince inhalaba thinner, y alcanzaron a morder los 90´s cuando imperaba la efedrina y Reese Whiterspoon con “Legally Blonde”.