Es como en un “Big Brother” concebido en la más febril fantasía de George Orwell, los salvadoreños somos vigilados, espiados, señalados, apuñalada nuestra privacidad a diario y sistemáticamente.

Todavía nos recuerdo, tu y yo y una amiga del lado de afuera de la puerta de juncos, avisando si alguien venia, tratando de hacer o deshacer el amor frenética y sudorosamente, mientras ahogábamos nuestros gritos y jadeos escuchando Radio Saigón.
Necesitamos tener unas gónadas del tamaño de un huevo de avestruz; el empuje y la garra de un jugador de la Selecta de Playa, es más, tres pulmones como tienen los guerreros de playa.

Eras lo máximo, el non plus ultra, el no va más, hasta que descubriste que ser summa cum laude no alcanza para pagar la escuela de los niños y el gas, y pegaste marcha atrás, ya vas barrabás, para que tener ideas propias si el que tiene ideas opuestas te paga más …?
Hace algunos años se me desmoronó una idea que muchos salvadoreños dimos por válida durante buena parte de nuestras vidas:
A las diez de la mañana,
cuando todo se calienta;
tu brotas en lo profundo …