Es como en un “Big Brother” concebido en la más febril fantasía de George Orwell, los salvadoreños somos vigilados, espiados, señalados, apuñalada nuestra privacidad a diario y sistemáticamente.

Todavía nos recuerdo, tu y yo y una amiga del lado de afuera de la puerta de juncos, avisando si alguien venia, tratando de hacer o deshacer el amor frenética y sudorosamente, mientras ahogábamos nuestros gritos y jadeos escuchando Radio Saigón.
Necesitamos tener unas gónadas del tamaño de un huevo de avestruz; el empuje y la garra de un jugador de la Selecta de Playa, es más, tres pulmones como tienen los guerreros de playa.
En esta cultura del “selfie”, donde todo consiste en auto darnos garabato y no tomar nada en serio, tampoco yo me voy a tomar el tema …. tan en serio.

Cuando Don Tiger Woods, un 19 de febrero de 2010, hombre acostumbrado a ganar millones pagándole palos a la pelotita de golf, declaró abiertamente que tenía adicción a la pornografía y se retiraba del juego hasta sanar, puso nuestra vista sobre el asunto …se puede ser adicto al porno?

A inicio de los setentas, yo era pianista de un bar, donde Rita era mesera.