La vida es así, la repuesta adecuada siempre tarda siglos en llegar, es impuntual, entonces nos retorcemos el cerebelo diciendo …”por qué demonios no respondí esto en el momento en el que ella me dijo aquello ?”
A Usted
la tengo amarrada a mis anhelos
a mis ganas de sentir
a mi imperante, insustituible, indispensable, caótica y urgente
necesidad de una mínima muestra de afecto ...

A manera de resumen
comunico que estoy
contando cuanto falta para que hoy …
deje de ser hoy …

Me parto en partes, punto y aparte. De un todo sólidamente integrado me convierto en piezas inútiles por si mismas y más inútiles aun a la hora de tratar de rearmarme …
Tengo un gato que asumo como amigo, medio loco,
maullando en mi tejado. Jilgueros y gorriones que me anuncian
el amanecer en fa y si bemol respectivamente, aunque el
gorrión desafina cuando amanece de mal humor…
Tu ausencia de palabras, repuestas en monosílabos, tus breves conversaciones y tus largos silencios eran indicación de algo … y yo ya la veía venir desde lejos
Salí a caminar por los alegres bosques, a escuchar el trino de los pajarillos y diferentes sonidos de la naturaleza, porque me sentía solo y el tedio me abrumaba. Afuera el sol resplandecía. Las nubes también pero más oscuras … amenazaba un poco de lluvia tal vez …
Corría el año de 2008, un hombre de 57 años que vivía en Kasuya, Japón, soltero, minimalista, trabajador como todo japonés, creía que vivía absolutamente solo, en la más abyecta soledad … pero no era cierto.
La historia de la goma de mascar se remonta a los antiguos griegos, que masticaban la resina de los árboles de lentisco, dizque para cuidar su higiene dental, acá por nuestros trópicos como no teníamos lentiscos y aun no se les daba por descubrirnos, tenemos un origen más propio.